Informe axesor sobre el sector de energías renovables

El sector en España se caracteriza por el aumento de los concursos de acreedores, el descenso en la creación de empresas, el aumento del desempleo, la caída del crédito y el aumento del riesgo de impago. Las energías renovables están viviendo un auge a nivel mundial, con un incremento de la inversión del 17% en 2014, liderado por China. La previsión es que la emisión de bonos corporativos para financiar proyectos de energías renovables crezca este año un 57,9% hasta alcanzar los 30.000 millones de dólares.

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La industria española de energías renovables, está abocada a la internacionalización para poder mantener su actividad. Esa es la conclusión del informe sobre el sector realizado por Axesor, primera agencia de rating española, bajo el título: ‘Project Finance: la salida para la internacionalización del sector de energías renovables en España’.

A nivel doméstico, el sector está atravesando una mala situación. Al exceso de capacidad instalada, fruto de una regulación inadecuada que no acertó a controlar las inversiones en el sector, se suma la fuerte caída de la demanda y los conflictos jurídicos internacionales derivados de la supresión de las primas a las renovables. Entre 2011 y 2014, los concursos de acreedores del sector han pasado de ser prácticamente inexistentes a crecer un 440%; solo el año pasado, los procesos formales de insolvencia crecieron un 200% en el sector de renovables, hasta representar el 76% de los concursos de acreedores que han tenido lugar en el sector energético. En lo que se refiere al número de empresas creadas, el sector de energías renovables experimentó en 2014 un crecimiento del 13,2%, hasta llegar a la cifra de 505. El dato palidece, sin embargo, en comparación con las 11.133 constituciones que tuvieron lugar en 2007. De igual modo, el sector se caracteriza por el estancamiento del crédito a la financiación de actividades productivas, agravado por la incertidumbre regulatoria, y el retroceso del empleo. Como resultado, la probabilidad media de impago del sector no deja de crecer, al contrario de la tendencia generalizada en el resto del tejido industrial español. Así, si la probabilidad media de impago en marzo de 2013 era del 6,6% para el sector de renovables; un año después se había elevado al 8,67% y en marzo de este año se situó en el 10,26%; es decir, la probabilidad de impago en el sector de energías renovables ha crecido un 18,3% en los últimos 12 meses, mientras que en el conjunto del tejido nacional ha descendido un 15,4% en ese mismo plazo de tiempo. Ante este panorama, Axesor considera que la solución para el sector pasa por la internacionalización de una actividad que está experimentando un elevado auge a nivel internacional.

Así, la inversión mundial en energías renovables registró en el año 2014 un crecimiento del 17%, después de dos años consecutivos de caída, hasta alcanzar los 270.000 millones de dólares. Son los países en desarrollo, especialmente China, los que lideran el impulso de la inversión en renovables. De hecho, China es líder mundial, con un volumen de inversión que el año pasado alcanzó los 83.000 millones de euros. Los sectores que más crecimiento están experimentando a nivel internacional son los de energía solar (+33%) y eólica (+11%). Este crecimiento requiere de financiación y el hecho es que las elevadas exigencias de capital que establece el marco regulatorio de Basilea III condiciona la concesión de préstamos bancarios de largo plazo, lo que está derivando en un boom de emisiones de bonos verdes, o green bonds, bonos de proyecto asociados a energías renovables. El importe conjunto (público y privado) a nivel mundial de emisiones de bonos verdes se triplicó en 2014 hasta alcanzar los 39.000 millones de dólares y se espera que este año el sector corporativo alcance por primera vez en su historia los 30.000 millones de dólares (el año pasado registró 19.000 millones), lo que implicaría un crecimiento del 57,8%. Axesor considera que las emisiones de bonos de proyecto es la mejor vía para asegurar la financiación de la necesaria expansión internacional de las empresas, al tiempo que supone una oportunidad de inversión para los inversores institucionales, fondos de inversión y de pensiones, ante la escasa rentabilidad que ofrece actualmente la deuda soberana de máxima calidad.