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España empantanada en la prolongada espera de la recuperación

España empantanada en la prolongada espera de la recuperación

Pese al alza inflacionista y a las incertidumbres que sobrevuelan las economías europeas, si atendemos a tantos titulares de prensa y al discurso del Gobierno, se puede pensar que España avanza a buen paso por la línea ascendente de la recuperación.

Es cierto que los datos, en principio, respaldan esta tesis. Por ejemplo, los resultados de la contabilidad nacional elaborada por INE (Instituto Nacional de Estadística), con un ritmo de crecimiento del 5%, mejoraba la previsión de la mayoría de las casas de análisis y organismos internacionales como el FMI o la propia Comisión Europea. Y en el caso del mercado laboral, el crecimiento continuado de la afiliación, la contratación indefinida y, en términos de paro, con “el mejor enero desde 1.998”.

Sin embargo, en términos de PIB, no debemos olvidar que España fue la economía europea que más cayó en la crisis sanitaria, un 10,8%, por lo que era fácil recuperar, de forma más rápida que otros países de nuestro entorno, parte del terreno perdido. Es más, de entre los 27, es de los pocos países que no ha recuperado los niveles precrisis. Por otra parte, si analizamos los datos de altas y bajas de afiliación publicados por el Ministerio de Seguridad Social a cierre del mes de enero, observamos que en el Régimen General se produjeron 1.857.554 altas frente a 1.982.380 bajas y que en el RETA (Régimen especial de Trabajadores Autónomos) las altas sumaron 48.245, mientras que las bajas acumularon un total de 66.381. En síntesis, si comparamos las personas que entran con las que salen de los regímenes más importantes y con más peso en el sistema, la situación es claramente deficitaria.

A estos datos, hay que añadir otros que reflejan la delicada situación por la que atraviesa el tejido empresarial en España. Según el Radar Empresarial de Ampliaciones de Capital a cierre de enero elaborado por el Gabinete de Estudios Económicos de axesor an Experian company, el volumen de capital reducido por las empresas creció casi un 40% el primer mes del año, superando los 2.790 millones de euros. Es decir, las sociedades mercantiles están haciendo uso de recursos propios para ajustar sus ratios de tesorería, liquidez o solvencia, entre otros.

En este punto es interesante señalar que más de tres cuartas partes del importe total reducido (2.128 millones de euros) se atribuye al sector financiero y asegurador. Circunstancia que podría estar relacionada con que a partir del próximo mes de marzo empiezan a vencer los periodos de carencia de los préstamos ICO, lo que obliga a los beneficiarios a abonar las cuotas completas bajo un contexto marcado porque dos de cada tres autónomos no se han recuperado aún de la crisis y porque, a estas alturas, sectores como la hostelería y el comercio todavía facturan un 50% menos que el año previo al estallido de la pandemia. A este respecto, la banca permanece atenta y tiene varias cifras grabadas a fuego: los préstamos en situación de vigilancia especial se han disparado un 23% y el 40% de los autónomos beneficiarios de los ICO han reestructurado su deuda, tal y como también señala el Gabinete de Estudios Económicos de axesor an Experian company, en su Boletín Trimestral de Morosidad PULSE.

Por otra parte, si tenemos en cuenta los datos relativos a las ampliaciones de capital, el panorama tampoco avalaría la recuperación. Aunque se produjeron un 9% más de operaciones, el volumen total ampliado fue un 40% inferior al del mes de enero del año pasado. Esto se traduce en 1.300 millones de euros menos. O lo que es lo mismo, durante el primer mes de este año 2022 las empresas españolas invirtieron 1.980 millones de euros frente a los 3.280 del mes de enero del 2021. Además, llama mucho la atención que fuesen las pequeñas empresas las que acapararon casi el 61% del importe total ampliado. Hecho, no obstante, que tiene una doble lectura. La primera, la más negativa, es que los negocios se estuvieran rearmando para hacer frente al pago de sus deudas. La segunda, que confiemos sea así, es que las expectativas sobre la evolución económica sean positivas, lo que conlleva incrementar la inversión en bienes de equipo o innovación, entre otros, para dar respuesta a un incremento de la demanda y mejorar la competitividad. Habrá que esperar los resultados de los próximos meses para comprobar cuál ha sido la derivada.

El Círculo de Empresarios, por su parte, ha hecho público esta misma semana su Índice de Libertad Económica -que mide la capacidad de hacer negocios sin restricciones estatales- donde nos encontramos con que España, además de haber perdido 1,7 puntos en el ranking mundial, cayendo hasta la posición 41, está 4,6 puntos por debajo de la media de los países de la Unión Europea y Reino Unido, colocándose en el puesto 24. Es decir, a cuatro puestos de convertirse en el farolillo rojo de la lista. La razón radica en las bajas puntuaciones obtenidas en materia de presión fiscal, gasto público, salud fiscal, eficacia judicial e integridad de gobierno. Una puntilla que seguro tendrán en cuenta tanto los posibles inversores que quieran venir a implantar o desarrollar sus negocios en nuestro país como los propios emprendedores.

La conclusión es que todavía no podemos hablar de una recuperación consolidada. Para ello, debemos esperar unos meses. Tantos como tarden en despejarse las incertidumbres que rodean a cuál será la respuesta del turismo internacional tras el levantamiento de las restricciones, el impacto de la inflación en el consumo, la subida de tipos de interés en las economías, de la definitiva llegada de los Fondos Europeos a las empresas y de la resolución del conflicto con Ucrania, que no olvidemos es crítico para el devenir del precio de la energía.

Categorías: Radar Empresarial

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