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Alegría, cautela y agotamiento en las empresas españolas

Alegría, cautela y agotamiento en las empresas españolas

Hace pocos días leíamos en el primer diario de comunicación nacional que “sólo una de cada doce empresas españolas, podrán acceder a los 7.000 millones de ayudas directas” aprobadas por el Gobierno hace unas semanas y que se empezarán a repartir el próximo mes de abril. Cálculo que se realizaba a partir de los datos aportados por el Gabinete de Estudios Económicos de axesor. La noticia se publicaba, además, tras conocerse que, según un informe de la patronal CEOE, las empresas españolas habían perdido 287.000 millones de euros de ingresos a consecuencia de la COVID.

Cifras, sin duda elocuentes, que dejan al tejido empresarial de España en la cuerda floja y que, en consecuencia derivan en un frenazo del impulso inversor. Es más, si en enero los datos mostraban cierto alivio en esta materia, febrero dio al traste con el atisbo de una recuperación relativamente cercana. Las ampliaciones de capital se contrajeron más del 25%, lo que en términos absolutos supuso 500 millones de euros menos que en el mismo mes de 2020. Además, esta caída arrastró el acumulado en los dos primeros meses del año hasta un negativo del -2%, según los datos que se recogen en nuestro Radar Empresarial de Ampliaciones de Capital.

Malos datos que reflejan la alegría de pocos, la cautela de algunos y el agotamiento de otros. Alegría en sectores como la educación, el suministro de energía eléctrica y el transporte que registran crecimientos acumulados del 53%, 50% y 18%. Cautela, en las actividades financieras y las relacionadas con la ciencia y la tecnología, con positivos del 3% y 7% respectivamente. Agotamiento, en hoteles, bares y restaurantes, donde las ampliaciones de capital se desplomaron un 62%. Un menos a menos para un sector en el que los concursos de acreedores se han disparado más de un 94% en los dos primeros meses de este 2021.

Así, las estadísticas van dando forma al nuevo modelo al que está virando la economía española y que, esperemos, se consolide en el corto plazo. Un modelo en el que la industria, la tecnología y la ciencia cobrarán mayor peso en detrimento de aquellas profesiones menos cualificadas y que, esperemos, contribuya a ir erradicando el virus que contagia el mercado laboral en España desde hace décadas: la dualidad.

Pero para ello se requiere inversión y, aunque la expresión “el dinero requiere de seguridad” resulte manida no por eso es menos cierta. Todo lo contrario. Las empresas, al igual que las personas -que son quienes están al frente de ellas- necesitan pisar sobre tierra firme. Vayamos si no al escalón más bajo, el de la economía doméstica, donde la tasa de ahorro según las estimaciones del INE del tercer trimestre de 2020 (últimos datos publicados) se situó en el 4,8% de la renta disponible frente al -1,7% del mismo trimestre del año anterior. Las familias no sólo dejaron de invertir en ocio sino también en electrodomésticos, automóviles… que podríamos equiparar a los bienes de equipo o el capital de las empresas. Ahorro que, cabe señalar, conforman una demanda embalsada que, una vez la recuperación y el mercado laboral retomen de nuevo la senda alcista se traducirá en gasto que redundará a su vez en los negocios y compañías. Las cuales, bajo el necesario paraguas de la seguridad económica, jurídica e institucional retomarán la senda de la inversión, el crecimiento y la competitividad.

Dicho esto, y en un apunte sectorial, no podemos caer en el maniqueísmo y cambiar una pieza por otra. Nos referimos en concreto a que no debemos ni condenar ni renunciar a un sector como hostelería, el turismo o el ocio tan importantes para nuestra economía. Ahora bien, las crisis suponen un proceso de selección natural en términos de economía y empresa. Contribuyen, en cierta medida, a la autorregulación del mercado y a su profesionalización. Por ello, sectores que tradicionalmente han ejercido de sector refugio deben dar un paso adelante y virar hacia un nuevo modelo apoyado en la calidad y el valor añadido.

En definitiva, la economía española debe recuperar el vigor de los años pre-covid fusionando aquello que es nuestra seña de identidad con la nueva economía del talento, la creatividad, la digitalización y la sostenibilidad.

Categorías: Radar Empresarial

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