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El largo peregrinaje de la morosidad

El largo peregrinaje de la morosidad

El verano es la época ideal para emprender el conocido Camino de Santiago. La ruta histórica más conocida es el famoso Camino Francés, en el que los peregrinos entran en España a través de Roncesvalles, en Navarra. El Camino Francés recorre en España una ruta de más de 700 kilómetros, atravesando la Península Ibérica de este a oeste. Una larga marcha que proporciona su recompensa con la obtención en Santiago de la anhelada Compostela, el documento acreditativo de haber realizado el peregrinaje. Y quien también pretende obtener su ansiada Compostela particular es la morosidad, cuyo largo peregrinaje está durando, no ya un mes, como ocurre con los caminantes que emprenden la ruta francesa, sino más de tres años y medio. En efecto, según nuestro Boletín Trimestral de Morosidad PULSE, que acaba de publicar nuestro Gabinete de Estudios Económicos, la tasa de morosidad encadena ya 44 meses consecutivos de caída, hasta situarse en niveles por debajo del 6,7%.

Como todo peregrino que se precie, la tasa de morosidad ha emprendido su camino bien pertrechada, con su mochila, su saco de dormir, cantimplora, calzado adecuado… Y puede mirar cómo los máximos del 13,6% alcanzados a finales de 2013 quedan atrás, en la lejanía. Pero ¿cuándo alcanzará la morosidad su preciada Compostela? Nuestros modelos de previsiones apuntan a que la ratio entrará en el próximo invierno en niveles inferiores al 5,9%, un “desnivel” respecto al año pasado superior al 27%, bien por encima del ritmo habitual de las etapas del camino de Santiago, que suelen ser de unos 25 kilómetros diarios.

Situarse por debajo del 5,9% situaría a la morosidad en los niveles más bajos desde el año 2010. Sin embargo, aún se quedaría bastante lejos incluso de iniciar la mítica subida a O Cebreiro, el primer pueblo gallego del Camino Francés, a solo ya 150 kilómetros de Santiago. Para hacerse una idea, es suficiente con recordar que, en la primavera de 2008, cuando la crisis ya se palpaba en el ambiente, pero aún no había empezado oficialmente, la ratio de morosidad estaba en el 1,4%. A partir de ese momento empezó un ascenso vertiginoso, que le llevó a situarse en el 3,4% al término de ese mismo año.

Ahora, el camino continúa cuesta abajo. Y quien en los últimos meses se ha cargado las mochilas al hombro y está tirando fuerte y marcando ritmo es la morosidad en el crédito concedido a las empresas constructoras e inmobiliarias. Los hogares siempre se han comportado relativamente bien, con las dificultades propias del camino, pero manteniendo un bajo nivel de morosidad. Esto es debido entre otras cosas a que las garantías exigidas a los particulares en los préstamos hipotecarios hacen que sea precisamente la hipoteca lo último que una familia en problemas deja de pagar. Nada que ver con el comportamiento de las empresas del ladrillo, retrasando siempre el ritmo en la travesía, pues hace apenas un año, uno de cada cuatro préstamos concedido a constructoras e inmobiliarias estaba en situación de morosidad. Sin embargo, ahora parece que el sector también quiere acreditar méritos para lucir con orgullo la famosa vieira o concha del peregrino. Así, el cierre del primer semestre en el sector se saldó con una morosidad en términos absolutos de unos 18.000 millones de euros, una bajada superior al 53% y esperamos que este ritmo de vértigo se acelere todavía más. Nuestro modelo de previsiones anticipa que, una vez que se cierren los datos del primer semestre, el sado de crédito moroso en el sector se haya quedado en unos 11.900 millones de euros, una caída en términos interanuales de más del 65% y una ratio de apenas el 10,1%. Sin duda alguna, el nuevo auge de la compraventa de viviendas está detrás de las fuerzas renovadas del ladrillo.

Eso sí, en términos absolutos, la morosidad bancaria total sigue estando en niveles muy elevados, si la comparamos con los rangos previos a la crisis. El volumen se situó en mayo en unos 78.000 millones de euros, después de haber comenzado el año en unos 95.000 millones de euros, lo que supone ciertamente una buena caminata. Y aunque esperamos que baje hasta los 70.000 millones cuando se acerque el final de año, no se puede olvidar que en mayo de 2008 era de unos 30.000 millones y un año antes, no llegaba ni a los 15.000 millones. En definitiva, queda aún mucho para que la morosidad pueda divisar en su largo peregrinaje su particular Monte do Gozo, la colina donde confluyen todos los caminos y desde la que por primera vez se divisan Santiago de Compostela y su catedral.

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Gabinete de Estudios Económicos de axesor

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