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Ricitos de oro y los 5 osos que amenazan los mercados

El último año de travesía por el desierto de la banca

Escenario idílico. Quizá esta sea la traducción libre más fiel a uno de los términos más utilizados en la jerga financiera durante los últimos meses: goldilocks. Y no se trata precisamente de un término complejo en su versión inglesa, sino todo lo contrario. De hecho, es pura fantasía: ‘ricitos de oro’.

En el famoso cuento, la niña entra en la casa de una familia de osos cuando estos han salido y siempre encuentra lo que mejor le va: la sopa a la temperatura adecuada, ni muy fría ni muy caliente; la silla a la altura ideal para ella, ni muy alta ni muy baja; la cama que mejor se le ajusta, ni muy dura ni muy blanda.

Los mercados también viven ahora su particular momento ‘ricitos de oro’, con crecimiento económico mundial sincronizado y bolsas en máximos, un escenario idílico con todo a favor. Y, aunque a principios de febrero han tenido el primer susto, con una semana de bruscos descensos, la calma ha vuelto a la ‘casa’ y los inversores han vuelto a tumbarse plácidamente. ¿Qué osos podrían llegar y darles un buen susto?

  1. Vuelta repentina de la inflación

    Un dato de subidas salariales superiores a lo previsto en EEUU detonó el pasado 2 de febrero el primer gran susto. La remuneración laboral había reputando el 2,9%, frente al 2,6% previsto, lo que disparó el rendimiento del bono estadounidense a diez años y propició un pico histórico de la volatilidad.

    En teoría, que suban los salarios debería ser bueno para la economía… Salvo que lo hagan de modo súbito, porque indicaría fuertes tensiones inflacionistas. Y esto supondría subidas de tipos de interés aceleradas, que no parecen la mejor medicina para un mundo tan endeudado como el actual.

    ¿Es real este riesgo? En el mercado se descuenta que no, que hay fuertes tendencias deflacionistas, como la tecnología o la globalización, que equilibran la tensión alcista en los precios. Pero los escépticos recuerdan que, cuando la inflación aparece, suele hacerlo de repente. Y que, como dijo Karl Otto Pöhl, ex presidente del Bundesbank, una vez que llega, es como la pasta de dientes, que es muy difícil volverla a meter en el tubo.

  2. El lado oscuro del boom de la gestión pasiva

    Estos últimos años han supuesto un auténtico boom en el mundo de la gestión pasiva. La facilidad para poder invertir en fondos índice o ETFs, junto con las buenas rentabilidades de los activos, ha precipitado una lluvia constante de dinero hacia estos productos. De hecho, sólo en este inicio de 2018, en ETFs de renta variable ya han entrado cerca de 87.000 millones de dólares, según los datos de Bank of America, cuatro veces más que en los fondos tradicionales, con datos a 8 de marzo.

    El lado negativo de estas fuertes entradas es que, si hay un giro de mercado, se pueden desencadenar auténticas avalanchas de venta, es decir, muchísima gente intentando salir a la vez por la misma puerta… Carl Icahn, uno de los gurús de Wall Street, dijo hace poco que la inversión pasiva era la burbuja más peligrosa ahora mismo.

  3. Amenaza de guerra comercial y tensiones políticas

    El año pasado había numerosos frentes políticos, que el mercado acabó asumiendo con gran naturalidad. Quizá demasiada, en opinión de muchos gestores escépticos con la evolución de los mercados. Este 2018 también ha empezado fuerte, con la amenaza de Donald Trump de imponer fuertes aranceles a industrias concretas europeas, como el acero o los fabricantes de coches. En Europa, las elecciones de Italia también han dejado un escenario preocupante, con más del 50% de los votos dirigidos a partidos euroescépticos.

    Eso sí, también ha habido buenas noticias, como el acercamiento entre Corea del Sur y Corea del Norte, así como entre este último país y Donald Trump, o la mejoría de la relación entre EEUU y China.

  4. Una nueva generación de derivados

    Con el pico de volatilidad del 2 de febrero, hubo un tipo de derivados financieros que saltaron por los aires (que permitían estar ‘corto’) y provocaron cuantiosas pérdidas a numerosos fondos. La opacidad de estos productos conlleva riesgos que sólo emergen cuando se dan situaciones dramáticas en mercado… Y hasta entonces no se sabe quién los tiene en cartera y cuántos bancos le han prestado dinero para su operativa.

  5. El propio exceso de confianza

    A pesar del brusco recorte de febrero, sigue entrando dinero en las bolsas. Es como si los inversores hubieran relajado su aversión al riesgo y se dejaran llevar por el miedo a perderse la racha de ganancias. Sólo en los dos primeros meses del año han entrado en España más de 4.000 millones de euros en fondos que invierten la mayor parte de su cartera en renta variable.

    En estos momentos de sentimiento tan alcista, con los mercados en máximos de valoración, estos flujos invitan a una prudencia que ahora mismo no se aprecia en mercado.

En resumen, la foto del crecimiento económico que estamos viendo a nivel global de modo sincronizada, sigue invitando al optimismo. Pero la historia nos recuerda que en las situaciones de mercado donde menos nubes hay en el horizonte, el inversor tiende a relajarse en exceso.  Por eso, los más cautos deberían aprovechar el momento para revisar si están asumiendo más riesgo del que deberían en sus carteras.

Ricitos de oro acabó huyendo a toda velocidad y saliendo por la ventana cuando despertó y vio ante sí a los osos… Como tantas veces acaban actuando los inversores cada vez que se dejan llevar por la euforia y se olvidan de los riesgos de los mercados.

Vicente Varó, CCO y socio fundador de Finect. Vicente Varó es autor del libro "Para qué sirven realmente los mercados financieros" (Editorial Paidós) y es Chief Communications Officer y socio fundador de Finect. También es asesor en el Comité de Comunicación de la asociación EFPA España. Colaborador habitual en El Confidencial, Invertia y las principales emisoras financieras; también ha trabajado en Expansión, Financial Times y El Economista.

Categorías: Estudios y Análisis

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