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La industria manufacturera, en la rampa de despegue

La industria manufacturera, en la rampa de despegue

Las ampliaciones de capital en España registraron el mes pasado un mínimo histórico, al situarse en 1.167,10 millones de euros, que es el dato más bajo para el mes de octubre en toda la era del euro. De acuerdo con los datos analizados por nuestro Gabinete de Estudios Económicos y publicados en nuestro Radar Empresarial, los grandes sectores de actividad, como constructoras, inmobiliarias o bancos cayeron a plomo el mes pasado. Pero también hubo excepciones a la tendencia general bajista y una de las más destacadas fue la de la industria manufacturera: registró 84 millones de euros, un aumento del 20,1% en tasa interanual, que le ayudan a consolidarse en el conjunto del año por encima de los 1.000 millones (1.108,77 millones de euros, un 3,1% de los 35.908,6 millones de euros movilizados por el tejido empresarial español hasta octubre).  Y es que, en términos de actividad, la industria manufacturera se encuentra en una auténtica rampa de despegue. El valor añadido bruto, corregido de efectos estacionales y de calendario, alcanzó en el segundo trimestre los 37.767 millones de euros a precios corrientes, según el INE, siendo el dato trimestral más elevado de los últimos nueve años y un 21,1% por encima de los mínimos trimestrales, que tuvieron lugar en el periodo julio-septiembre de 2012.

No en vano, el índice de producción industrial (IPI), uno de los mejores termómetros que miden la salud del sector, va cogiendo velocidad y está hoy un 11,8% por encima de los mínimos de 2012. Eso sí, el IPI aún está más de un 20% por debajo de los niveles en los que se situaba hace 10 años, cuando rondaba los 127 puntos, mientras que ahora está justo por debajo de 100, lo que también pone de manifiesto que aún queda por delante mucho recorrido en la rampa de subida.

La industria manufacturera representa actualmente un 13,1% del PIB y emplea a 2,37 millones de personas (el 12,6% de todos los ocupados), lo que la convierte en uno de los sectores fundamentales. Y en el nuevo ciclo alcista de la economía, la industria debe jugar un papel esencial para un modelo económico más sostenible y resistente. El sector exportador es determinante, no solo como estrategia de salida de la producción nacional, sino también para reducir el déficit comercial y contribuir así a corregir el abultado desequilibrio exterior, que es uno de los elementos que provocó que la crisis financiera internacional fuera más profunda y duradera en España.

En este sentido, hay buenas noticias. La rampa de despegue en la que se ha embarcado la industria manufacturera se evidencia con unas exportaciones cuyo valor va alcanzando un récord tras otro mes a mes y que en los nueve primeros meses del año alcanzaba un crecimiento interanual del 9,1%, según el Ministerio de Economía. El camino a seguir está claro y más en una economía que tiene una tendencia a acelerar sus importaciones a una enorme velocidad en cuanto los primeros signos de alegría llegan a los bolsillos de los hogares.

Por eso es importante que esta vez sí, las exportaciones contrarresten el empuje de las importaciones. Y eso, en una época caracterizada por la competencia global, obliga a esforzarse al máximo en materia de competitividad. En este sentido, España ha acometido una rebaja muy notable de los costes laborales unitarios, una estrategia más eficaz que las antiguas devaluaciones de la peseta, ya que ahora la devaluación no se apoya en un tipo de cambio nominal, sino real. Sin embargo, en un entorno general de inflación baja es recomendable que la presión se aplique a mejorar el valor añadido, en lugar de persistir en seguir apretando los tornillos por la parte de los costes. En cuanto a su componente tecnológico, el grueso de las exportaciones de bienes manufacturados en España se concentra en los sectores de tecnología media-alta, tecnología media y tecnología baja, mientras que la alta tecnología es minoritaria e incluso ha ido perdiendo peso con los años; esta es una de las grandes asignaturas pendientes de una industria que intenta alzar el vuelo.

Para que cambien las tornas de esa dinámica se necesita inversión y para que haya inversión, se precisan buenas perspectivas de negocio que la justifiquen. Y el hecho es que la industria manufacturera abarca tantas actividades y tan diversas que, con una adecuada apuesta por productos de valor añadido, las posibilidades son enormes: metalurgia, maquinaria, motor, piedra, cerámica, vidrio, industria química, informática, productos farmacéuticos, papel, tabaco, textil, procesado y conservación de toda clase de alimentos y bebidas son solo algunos de los muchos sectores. El crecimiento se escribe hoy en clave global y la industria manufacturera española muy bien posicionada en la pista de vuelo para desempeñar un papel decisivo en la nueva fase expansiva de la economía.

Categorías: Radar Empresarial

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