El mal endémico en el ADN de un español al ahorrar

El mal endémico en el ADN de un español al ahorrar

Los españoles siempre seremos ricos en creatividad y pobres de bolsillo. La afirmación tiene algo de desmedida, pero no es del todo incierta a tenor del Global Wealth Databook (Libro de datos sobre la riqueza global). El estudio avalado por Credit Suisse asegura que para formar parte del 1 por ciento de la población más rica hay que contar con unos 800.000 euros en activos financieros (no se suele incluir la vivienda de residencia en propiedad). Se estima que en todo el mundo hay cerca de 35 millones de personas con un patrimonio superior al millón de dólares, y 50 millones personas holgadamente entrarían en el club del 1 por ciento de población más rica. Entre los europeos casi 13 millones, y aunque no se conoce el número los españoles… menos de los que deberían ser al concentrar su inversión en vivienda.

Si hay un elemento que los españoles podríamos decir que hemos descubierto en la tabla periódica de los elementos, en nuestro quijotismo existencial, es el ladrillo. En realidad, los españoles amamos cualquier variante de adobe, rasilla, teja, tesela, baldosa, briqueta, azulejo... porque de lo contrario no se entendería que seamos capaces de poner en cualquier edificabilidad la mayor parte de nuestro patrimonio.

Según los últimos datos disponibles de Inverco, a cierre de 2014, el 77,7 por ciento de los españoles es dueño de su vivienda habitual, mientras que en Europa esta cifra se sitúa en el 69,9 por ciento. La facilidad de acceso al crédito durante los años previos al estallido de la burbuja inmobiliaria junto al falso mantra de que el valor del ladrillo nunca caería, solidificaron durante años a la vivienda en el principal activo de inversión de los españoles. El hecho de destinar toda su capacidad de ahorro a este fin, en lugar de diversificar de manera equilibrada con otros activos financieros, explica que, todavía hoy, la riqueza que acumulan las familias españolas en inmobiliario sea casi cuatro veces superior a la que reúnen en depósitos, fondos, acciones, bonos o planes de pensiones. Pongamos muchas admiraciones… ¡¡¡¡Una barbaridad!!!!

Debemos denunciar esta incorrecta distribución del ahorro en nuestro país. Podemos alardear de que somos el país occidental con peor planificación a largo plazo de nuestra cartera. Ya no es que seamos una de las nacionalidades en las que por falta de cultura -e interés de muchos `sujetos principales´ en que el conocimiento financiero no crezca- exista una peor distribución de los activos financieros con un excesivo peso en depósitos y cuentas a la vista... Es que en nuestro ADN está el ladrillo como único sinónimo de hucha.

De cada cuatro euros que ahorra el español medio, tres de ellos están invertidos o sepultados en vivienda. El dato no puede ser más preocupante y reñido con la primera lección que debería aprender todo inversor, la diversificación. Es cierto que el activo inmobiliario ha recuperado gran parte del predicamento que había perdido en los últimos años, con una bolsa que desde abril del año pasado no pone punto de inflexión a una corrección, y una renta fija que parece un globo cerca de pincharse o, al menos, deshincharse. Pero todavía es más cierto que son los productos más desconocidos por el particular (socimis, reits…), los que de verdad sirven para que el inversor construya ahorro y no hipoteque su patrimonio.

El gusto por el ladrillo en el caso español tiene una correlación inversa entre lo tangible frente a otros títulos de propiedad que hoy se pueden tener, pero ni se comprenden ni se tocan. Según los últimos datos disponibles en el Banco de España (BdE), a cierre de diciembre, los hogares aglutinan 4,4 billones de euros en vivienda -se trata de una estimación basada en la evolución del parque de inmuebles, la superficie de los mismos y del precio medio del metro cuadrado-. Mientras que en activos financieros, el patrimonio neto alcanza los 1,2 billones de euros en ese mismo periodo. Si se miran ambas cifras desde una perspectiva más amplia, significa que en torno al 70 por ciento de su ahorro se encuentra en activos no financieros (incluye más elementos además de la vivienda) frente al 30 por ciento que representan los financieros.

En ningún otro país de Europa la estructura del ahorro está tan sesgada hacia el ladrillo. Y mucho menos en Estados Unidos, donde la distribución es completamente al revés (30 por ciento en vivienda, 70 por ciento en activos financieros) por la alta movilidad laboral que obliga al americano medio a cambiar entre 3 y 4 veces de lugar de residencia a lo largo de su vida. De vuelta a Europa, la presencia de la vivienda en la estructura del ahorro es mucho más elevada. En Francia supone el 65 por ciento del ahorro; en Italia, el 62 por ciento; en Alemania, el 60 por ciento y en Reino Unido, del 51 por ciento.

El día en el que una buena mayoría de la sociedad española renuncie a tener más ladrillo en propiedad por aspirar a ser propietaria de una pequeña parte de compañías como Daimler, Citi, Roche, Nike, Google... (las compañías internacionales tienen mejores recomendaciones que las españolas) -de forma directa o indirecta- o incluso de su deuda, asistiremos a la mayoría de edad de la inversión en España. Hasta que esto ocurra, nos tendremos que seguir aferrando a ser los defensores del ladrillo como elemento quijotesco de la aportación española a la tabla periódica de los elementos. ¡Y hasta esto es injusto porque el ladrillo ni está ni se le espera, y sí hay españoles que hicieron su contribución a la tabla periódica de elementos! El platino fue descubierto por Antonio Ulloa, en 1748; el wolframio por los hermanos Elhuyar, en 1783; y el vanadio por Andrés Manuel del Río, en 1801.

 

Joaquín Gómez, Adjunto al Director, diario El Economista

Joaquín Gómez se incorporó como miembro fundador del diario El Economista en septiembre de 2005 y también es colaborador de tertulias en Intereconomía, RNE y Telecinco. Anteriormente, trabajó en Expansión, La Razón, Actualidad Económica y el Diario Ya. Joaquín Gómez es promotor de los índices Eco10 Stoxx, de Bolsa española, y Eco 30, un índice bursátil mundial, desarrollado en colaboración con FactSet y Stoxx.

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1 opinión

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  1. Guillermo | 15 junio 2016
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    Muy cierta, la descripción de esta realidad. Por un lado factores culturales, casi antropológicos en lo que se refiere al valor percibido del patrimonio tangible, por otro lado el desconocimiento financiero y el alto riesgo percibido hacia otro tipo de inversiones alternativas genera una propensión altísima a la adquisición de viviendas. En el ámbito rural esto pasaba antes también con las "tierras". La gente en los pueblos que tenía capaz de ahorro lo llevaba todo a la compra de fincas y terrenos en vez de a inversiones más productivas en iniciativas empresariales que habrían ayudado a dinamizar la economía de determinadas regiones...

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